El caso de Cenicienta, el zapato y la amiga.

Es la medianoche y Cenicienta corre, escapa del palacio, huye del amor y se refugia en la simpleza de su triste realidad. De cuento de hadas creer que perdió su zapato y este fue encontrado por aquel príncipe, que la buscaría, y la encontraría algún día.

Es tanta la mágica inocencia de aquel cuento infantil, que pareciera dejar una lección sobre la búsqueda del verdadero amor, de nuestra propia Cenicienta, aquella a la que le quedara el zapatito y con la que tendremos nuestro “vivieron felices para siempre”.

Pero por supuesto, en la vida real, a veces intentamos calzar a alguien que no es para nosotros, o a alguien que aunque era ideal, no lo necesitaba… o perdemos a aquella persona a la que no le quisimos probar el zapatito… hasta que fue demasiado tarde… y entendemos una lección fundamental.


Cuando yo encontré el zapatito, simplemente paso. No soy príncipe de ningún reino, pero conocí la certeza de necesitar a alguien para recorrer el camino, no romance ni deseo pasajero, si no la persona adecuada que personificara la romántica idea de un alma gemela.

Pero paso un tiempo hasta que decidí finalmente que tenía que encontrar a la dueña del zapatito, no mas cuentos cortos en mi vida, ahora quería escribir un libro completo.

Así la conocí a ella, un pequeño angelito, Linda, de apariencia dulce y muy bonita. Con una mirada llena de picardía y una sonrisa que compite con la luz del mismo sol, mi niña de la boca de fresa. Deslumbrado por ella, no vi la verdad de su historia, de su propia búsqueda y del camino que escogió.

Y entonces decidí probarle el zapato pero en el momento justo, me retire, una despedida a medias pues deje una promesa de siempre estar allí para ella. Aun le tengo bastante cariño, pero no era el momento y lo más seguro es que este nunca llegará. Sera la causalidad la que determine si nuestros caminos se juntan de nuevo.

En ese momento había otras personas en mi vida,  pero no pensé en ellas de esa forma, pues las consideraba amigas, confidentes, Andrea, la alegre y hermosa mujer de grandes y bellos ojos y Anita, una preciosa mujer de dorado cabello y linda figura, aquella que luego sería constante tentación que se escondió por la búsqueda de la dueña del zapatito. Fue su alegría, consejo, compañía y cariño me ayudaron a pasar la pena de mi retirada.

Bueno, admito, para entonces había alguien más, una persona con la que podía ser natural, ser lo que yo era, quien era todas mis razones pero al mismo tiempo no era ninguna. Mis indefiniciones impidieron que sintiera algo por ella antes, y cuando finalmente decidí, sabía que ella era la mujer justa, a quien le quedaría aquel zapatito.

Su nombre, Daniela, criminalmente hermosa y muy inteligente, para ella mi indecisión era transparencia, los torcidos renglones de mi vida eran escritura clara y precisa, me lee la mente cono ninguna otra persona. Muchas veces un abrazo fue consuelo y solución para sus tristezas e incertidumbres. Conversaciones y un juego calculado palabra a palabra. Dulzura, inocencia y deseo escondidos es lo que ella representa para mí.

Realmente la ame y parte de mi jamás dejara de hacerlo, pero aun si el zapatito le hubiera quedado justo, y sé que así era, ella no lo necesitaba pues no se puede poner un zapato sobre otro. Al final me equivoque y me equivoco con ella, si la lastime alguna vez realmente lo siento.

Una promesa, un deseo para su felicidad eterna y un “estamos juntos en esto” es todo lo que me queda de ella. Ahora es algo distante, inalcanzable, ha definido su vida, y yo no formo parte de esa definición.

We’re in this together, Daniela.

Y entonces durante ese momento, estando apunto yo de olvidar todo sobre la historia del zapatito, ella siempre estuvo allí. Mi amiga, Anita. Una compañía tan grande y alegría de mi vida que poco a poco mis sentimientos por ella crecían. ¿Acaso mi búsqueda fue en vano y la persona indicada siempre estuvo allí?

La necesidad, la desesperación, tenía que ser algo más. Y apareció un cariño pasajero y una prueba más. Christine pareció ser a quien el zapatito le quedo, pues hábilmente me engañe a mí mismo y pensé que era así. Pero mientras yo busque la mujer de mi vida, ella solo buscaba un cuento más. Cuando estaba con ella mi mentira parecía convencerme, aquel te amo que parecía yo decirle como a ninguna otra no era más que yo amando la creencia de estar enamorado. Pero en mi corazón, cuando yo estaba en la soledad de mi habitación, era la visión de otra, el nombre de otra el que mis labios le contaban a la almohada…

Anita, mi gatita bella..

Así fue que el final de mi relación con Christine, no me dejo nada, al final no me dolió ni las cosas que pasaron, pero si me ayudo a entender algo importante. No importa si el zapatito le quedaba o no, ni si ella pensaba en que no éramos el uno para el otro, era Anita la persona que yo quería junto a mí,  aunque no sea a quien le quedaría el zapatito, es simplemente quien yo quería.

¿Pero cómo decir a quien siempre estuvo allí que la amas? ¿Cómo a decirle, “eres tú”, a quien conoce tu pasado y lo que hiciste? Así pues, una carta de amor desesperada, una confesión. Y la respuesta predecible y esperada, un “no eres para mi” y un adiós de parte de ella.

Decidió alejarse.

Y para mi darse cuenta de la realidad, aun si pareciera que existe aquel zapatito, aquella Cenicienta, la verdad es que lo único que hay es la persona correcta en el momento correcto. Y saber, que cuando llegue esta persona, aun si parece que no es para nosotros, aun si no es lo que creemos buscar, no debemos dejarla ir.

2 comments to El caso de Cenicienta, el zapato y la amiga.

  • Carla

    Tal vez simplemente no existe lo del alma gemela solo una persona que aunque no cumpla con todas tus expectativas como en los cuentos de hadas, no sabes porque la quieres, pero todo seria más fácil si se pudiera reconocerla en el momento adecuado.

  • [...] La búsqueda por Cenicienta no debe evitar que veas a la mujer que tienes a tu lado y que nunca debiste dejar ir. Quizás el zapatito nunca le calce a la que creíste seria la mujer de tu vida sino simplemente a la mujer adecuada para ti. No busques un cuento de hadas. [...]

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